Autor: Patricia Pérez Sepúlveda Mundo vegetal Inicio

Matico

Buddleja globosa Hope · Scrophulariaceae · Nativo de Chile y Argentina

Nombres

Matico, y también pañil, palguín, palguén, palqui de cordillera. Pañil y palguín vienen del mapudungun y son los nombres propios de esta planta; matico no lo es, y conviene explicar por qué, porque el enredo es grande y es fácil comprar o leer lo equivocado.

"Matico" es el nombre que en Perú y Bolivia se le da a Piper angustifolium y Piper aduncum, dos piperáceas — parientes de la pimienta — que no tienen nada que ver con esta planta ni con esta familia. Eran plantas cicatrizantes de la farmacopea andina, el nombre viajó al sur con los usos coloniales, y aquí se le pegó a una planta distinta que servía para lo mismo. Así que el nombre con que casi todos la conocemos en Chile es un nombre prestado de otra planta de otro país y de otra familia. Si usted compra "matico" por internet, puede llegarle Piper. Si busca estudios de "matico" a secas, le van a aparecer los dos.

El nombre científico tiene su propia historia. Buddleja honra a Adam Buddle, un botánico y pastor inglés que llevaba un herbario y murió sin saber que un género iba a llevar su apellido. Globosa es por la forma de las cabezuelas: bolas. Y Hope es John Hope, que la describió en Edimburgo en 1782, a partir de plantas que ya estaban creciendo en Gran Bretaña — porque esta planta chilena llegó a los jardines ingleses a fines del siglo XVIII y allá se quedó, con el nombre de orange ball tree.

Un detalle más, para quien quiera buscar literatura: la familia cambió de nombre. Los estudios antiguos la ponen en Buddlejaceae, y algunos más antiguos todavía en Loganiaceae. Hoy va en Scrophulariaceae. Si un paper dice "Buddlejaceae" no está equivocado, está fechado.

Historia

El pañil es, junto con el culén, una de las plantas medicinales más viejas y más usadas del centro-sur de Chile, y es la que mejor sobrevivió al olvido. Mientras el té de culén desapareció de las casas, el matico nunca se fue: se sigue vendiendo en las ferias, en las hierbaterías, en las farmacias como pomada, y está en la lista oficial del Ministerio de Salud.

Su uso tradicional tiene dos caras muy distintas que vale la pena separar desde el principio, porque la evidencia moderna las trata de modo muy diferente:

Por fuera, sobre heridas, golpes, úlceras de la piel, quemaduras: la hoja hervida, el agua de la hoja para lavar, la hoja misma puesta encima como apósito. Este es el uso central, el que le dio el nombre prestado y el que llegó a los estudios.

Por dentro, en infusión, para el estómago, la indigestión, la úlcera digestiva y el hígado. También muy antiguo, también muy extendido — y, como se verá, muy peor respaldado.

La planta hizo además un camino que casi ninguna otra planta medicinal chilena hizo: pasó de la feria al laboratorio, del laboratorio a una monografía oficial del Instituto de Salud Pública, y de ahí a un ensayo clínico con pacientes reales en un consultorio público de Santiago. Ese recorrido completo es raro. Que se haya quedado a medio camino en el último paso también es parte de la historia, y lo cuento más abajo sin adornos.

Descripción

Arbusto de dos a cinco metros, a veces casi arbolito, de ramas erguidas y algo arqueadas, perennifolio en clima suave y semicaduco si el invierno aprieta.

La hoja es lo que lo identifica sin ninguna duda, y se identifica con los dedos antes que con los ojos: lanceolada, de diez a veinte centímetros, opuesta, rugosa y verde oscura por arriba, y por el revés cubierta de un fieltro blanco amarillento, denso, afelpado. Esa doble cara — áspera arriba, lanuda abajo — no la tiene ninguna otra planta de la zona. El borde es finamente aserrado y la nervadura se marca hundida arriba y en relieve abajo, como una red.

Vale la pena detenerse en el fieltro, porque no es un adorno: es un apósito. Una hoja que por dentro trae polifenoles antioxidantes y por fuera trae una capa de pelos que absorbe y se adhiere es, literalmente, una gasa con medicamento. Cuando uno entiende eso, el uso tradicional deja de parecer casualidad.

La flor viene en cabezuelas globosas de uno a dos centímetros, pequeñas bolas de un naranja mostaza, agrupadas en panojas al final de las ramas. Son muchas flores diminutas apretadas en una esfera. Huelen a miel, fuerte, de lejos. Florece de noviembre a enero.

El fruto es una cápsula chica y seca, con muchísimas semillas minúsculas, que se abre y las suelta al viento.

Hábito

Es una planta de borde y de agua: orillas de esteros y ríos, quebradas húmedas, claros, bordes de camino, derrumbes, taludes recién movidos. Es pionera — de las primeras en instalarse donde el suelo quedó desnudo y hay humedad — y crece rápido.

Eso explica dos cosas que a primera vista no calzan. La primera es que una planta tan usada y tan buscada no esté ni cerca de estar amenazada: le gusta exactamente el tipo de terreno que la actividad humana produce. La segunda es que en el campo se le saca como maleza, por la misma razón: aparece sola, en cantidad, en los lugares donde alguien acaba de trabajar.

Va del centro al sur de Chile y pasa a la vertiente argentina de los Andes. Pleno sol o media sombra; aguanta la poda como pocas; rebrota de tocón. Lo que no aguanta es la sequía larga sin nada de humedad en profundidad: es de agua, y eso no se le quita.

Experiencia en El Vitriol

Tengo dieciocho maticos vivos y tres bajas, y es, con diferencia, la planta nativa que tengo más repartida por la parcela. Al ordenar el catastro de septiembre de 2026 me encontré con algo que no había notado: el matico es la única especie que está en los cinco sectores, A, B, C, D y E, en nueve jardines distintos.

Así están hoy:

  • E3, Líneas de la ladera: siete. Es el grupo grande, en el sector sintrópico, plantados en línea en la ladera.

  • A1, Entrada borde poniente: dos.

  • E2, Borde del terraplén de los ajos: dos.

  • A1, Borde Clemente: uno (más una baja).

  • A1, Núcleo nativo 1: uno (más dos bajas).

  • A1, Cantero de Júpiter: uno, plantado en la temporada 2025-2026.

  • C2, Jardín esclerófilo: uno.

  • D2, Patio azul: uno.

  • B4, Jardín palpalén: uno.

  • C4, Vivero, mesa chica: uno, todavía en maceta, adaptándose.

Que haya terminado en todas partes no fue un plan. Fue que el matico es la planta que siempre prende, y uno acaba poniendo en todos lados lo que no se le muere. Visto al revés: si una especie está en los cinco sectores de una hectárea con suelos y exposiciones distintas, eso no es una decisión mía, es información sobre la planta.

Las siete de la ladera de E3 son el caso más interesante, porque ahí el matico no está como colección sino como oficio. En una línea sintrópica se necesitan plantas que hagan biomasa rápido y que se puedan podar para que esa biomasa caiga al suelo y lo alimente. El matico hace exactamente eso: crece rápido, rebrota de la poda, y da hoja gruesa y abundante. En el lenguaje de ese sistema es una planta de servicio. Y es nativa, lo que normalmente no coincide.

La única curación que he hecho con matico: un hualle mordido

Tengo dieciocho plantas de la única especie que el Estado de Chile reconoce como medicamento, y la he usado una sola vez. No en una persona. En un árbol.

Mi perra andaba persiguiendo tábanos. En una de esas corridas le pegó un tarascón al tronco de un hualle jovencito, de unos diez centímetros de diámetro, y le abrió una herida por la que empezó a salir savia.

Lo que hice fue esto, por capas:

  1. Molí hojas de matico y puse la pasta directamente sobre la herida.

  2. Encima, hojas de matico enteras, cubriéndola.

  3. Encima, greda.

  4. Y lo sellé todo con un género.

Un par de semanas después el árbol estaba recuperado.

Lo primero que quiero decir es lo que yo misma pensé al contarlo: no sé si se habría cicatrizado igual sin el matico. Probablemente sí. Un hualle de diez centímetros con la corteza rota no cierra la herida como cierra la piel — los árboles no regeneran el tejido perdido, lo compartimentan: aíslan la zona dañada con barreras químicas y van cubriendo el borde con callo nuevo desde los lados. Eso lo iba a hacer solo. Así que mi duda es la duda correcta y la dejo escrita como duda.

Pero hay dos cosas que sí puedo decir sin inventar nada.

La primera es que ese emplasto, visto en frío, es un apósito de cuatro capas bien hecho, y yo no lo armé leyendo nada. La hoja molida es el principio activo en contacto directo. Las hojas enteras, con su fieltro por el revés, son la gasa que absorbe y se adhiere. La greda es el oclusivo: mantiene la humedad, da forma y aísla. El género sujeta. Esa es exactamente la arquitectura de un vendaje húmedo moderno, en el orden correcto. Si funcionó en algo, funcionó por eso: el árbol cerró su propio borde sin que la herida se secara, sin que se la colonizara un hongo y sin que se le pararan encima los mismos bichos que estaba persiguiendo la perra.

La segunda es la cautela, y es por el único lado donde esto podía haber salido mal: una herida de árbol sellada demasiado tiempo se puede podrir. La arboricultura moderna recomienda no tapar los cortes con selladores permanentes precisamente por eso — la humedad atrapada contra la madera favorece la pudrición. Que yo lo haya dejado dos semanas y lo haya sacado es, sin que yo lo supiera, lo que separa un apósito de un problema. Si alguien repite esto, que lo repita así: puesto, y después sacado.

Y lo tercero, que es más una observación sobre mí que sobre la planta: de los dos usos tradicionales del matico, el de afuera y el de adentro, yo sin pensarlo elegí el de afuera. Y resulta que el de afuera es justamente el que tiene respaldo. Lo explico más abajo, en Efectos en la salud, pero el resumen es que los compuestos activos del matico casi no se absorben cuando uno se los toma, y en cambio funcionan muy bien apoyados contra un tejido. Le puse el emplasto a un árbol porque era lo que tenía sentido, no porque supiera eso. A veces la mano sabe antes que la cabeza.

Amenazas

En la naturaleza

El matico no tiene categoría de conservación y no la necesita: es abundante, es pionera, y prospera en el tipo de terreno removido que hay cada vez más.

Su amenaza es de otro orden, y es doble. La primera es la de siempre con las plantas de orilla de estero: lo que desaparece no es la especie, es el ambiente. Cada quebrada canalizada, cada ribera despejada, cada estero entubado es un lugar menos donde la planta pionera que necesita humedad puede instalarse. No la va a extinguir. La va a empujar hacia los lugares que quedan.

La segunda es que se le arranca por no reconocerla. Aparece sola en el terreno recién trabajado, en cantidad, y ahí es "maleza". Es muy probable que mucha gente del campo haya sacado matico con la pala el mismo año en que compró pomada de matico en la farmacia.

Hay algo más que conviene saber si uno se mete a plantar del género: el pariente invasor existe y es fácil de confundir.Buddleja davidii, el arbusto de las mariposas de flor lila en espiga larga, es asiático, está asilvestrado en Chile y en medio mundo, y es invasor declarado en varios países. Los dos Buddleja además se cruzan. Si en una parcela hay un davidii, lo honesto es sacarlo, y lo primero es saber distinguirlos: bola naranja que huele a miel es el nativo; espiga lila larga es el otro.


En El Vitriol

Las tres bajas que tengo registradas están todas en A1: una en el borde Clemente y dos en el núcleo nativo 1, donde el registro antiguo decía tres plantas y en el censo de septiembre de 2026 conté una.

Y aquí tengo que decir algo que vale para todo este sitio: esas dos del núcleo 1 pueden no estar muertas. El registro dice que hubo una reubicación en el sector, y un censo que no ve una planta no prueba que esté muerta; prueba que no la vio. Lo aprendí con el culén de Júpiter, que yo misma había dado por perdido y estaba ahí. Hasta que las busque con el papel en la mano, esas dos son "no encontradas", no "muertas".

Lo que sí puedo decir, y es el dato más útil de esta sección: de todas las especies que tengo, el matico es la que menos se me ha muerto en proporción a lo que tengo plantado. No le he perdido ninguna por hongo, ninguna por trips, ninguna por ratón, ninguna por trasplante. Comparado con el queule, que me perdió hojas con una oruga, tallos con los ratones y savia con los trips, el matico es el extremo opuesto de la colección.

Recomendaciones generales

Si alguien quiere empezar a plantar nativas y no sabe por dónde, esta es la planta por donde empezar. Lo digo con dieciocho ejemplares de respaldo.

Suelo y luz. No es exigente. Pleno sol o media sombra. Lo único que pide de verdad es que no se seque del todo en el verano los primeros dos años; después se defiende.

Agua. De orilla de estero: le gusta la humedad. Riego profundo y espaciado, no chorrito diario. En un talud o un terraplén, vale la pena el mulch, que es lo que mantiene la humedad abajo.

Poda. Aguanta todo y rebrota. La poda se hace después de la floración, es decir a fines del verano o en otoño, para no cortar lo que va a florecer. Si se le poda fuerte cada cierto tiempo se mantiene compacta y con hoja nueva, que es la hoja que sirve.

Y una recomendación que viene de la ciencia y que no encontré en ninguna parte dicha en castellano simple: si va a cosechar hoja para uso medicinal, coséchela en verano, no en otoño. El estudio de Backhouse y su grupo de 2008 comparó extractos de hoja recogida en distintas estaciones y encontró que la hoja de otoño es menos activa que la de verano. No es una diferencia de matiz: es la misma planta dando menos. Si va a hacer el esfuerzo de cosechar y secar, hágalo cuando la hoja vale más.

Propagación

Es la planta más fácil de multiplicar que tengo.

Por esqueje, que es la vía que recomiendo. Trozos de rama semileñosa de quince a veinte centímetros, en primavera o a fines del verano, quitando las hojas de abajo y dejando dos o tres arriba. Enraíza con mucha facilidad en arena con tierra de hoja, con humedad y sombra. No necesita hormona.

Por semilla, que es posible pero no tiene ninguna ventaja: son semillas minúsculas, hay que sembrarlas en superficie sobre sustrato fino y mantenerlas húmedas, y la plántula es diminuta y lenta al principio. Cuando el esqueje prende casi solo, no vale el trabajo — salvo que uno quiera variabilidad genética, que es un motivo legítimo y a veces es el motivo.

De dónde saco el material. Lo digo en cada ficha porque me importa: nunca tomo plantas ni esquejes de áreas protegidas. Si veo abundancia, a veces tomo semillas. Del camino a veces saco esquejes, y también semillas. Y lo otro que hago es buscar viveros en las cercanías y comprar plantas. Con el matico el camino basta y sobra: es una planta de borde de camino, crece en cantidad, y un esqueje de una rama de la orilla no le hace daño a nada.

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Efectos en la salud

Esta es la planta de la que más se sabe de las tres que llevo escritas, y por eso también es la que da más trabajo contar bien: hay mucho resultado, y los resultados no apuntan todos en la misma dirección.

Lo que dice la tradición, y lo que dice el Estado

Aquí hay algo que el culén y el queule no tienen: el matico está en la lista oficial de Medicamentos Herbarios Tradicionales del Ministerio de Salud de Chile, el listado de 103 especies que se pueden envasar y vender legalmente como medicamento herbario tradicional. Y el Instituto de Salud Pública tiene una monografía oficial de la especie.

La ficha oficial dice, textualmente, que la parte usada son las hojas, y reconoce los dos usos: por dentro para "úlceras digestivas, indigestión, dolor de estómago, disfunción hepática", y por fuera para "traumatismos y heridas de la piel". La preparación que indica es una cucharada de hojas por litro de agua recién hervida, una taza tres veces al día, y la misma infusión para lavar heridas y para compresas sobre contusiones. Advierte que es un auxiliar sintomático, que no reemplaza el tratamiento médico, que hay que avisarle al médico que uno lo está tomando, y — este detalle me gustó — que no se prepare en utensilios de aluminio.

Es la receta más conservadora posible, y eso tiene sentido: una cucharada por litro es una infusión floja a propósito. Más abajo se entiende por qué eso es exactamente lo correcto.

Las moléculas

La hoja de matico es, en peso, una de las fuentes vegetales más concentradas de verbascósido que se conocen. La revisión sistemática de Becerra y colaboradores de 2026 recopila los valores publicados: entre 63,1 y 112,4 miligramos por gramo de hoja seca. Es decir, entre el seis y el once por ciento del peso seco de la hoja es un solo compuesto. Eso es muchísimo.

Junto con él:

  • Equinacósido, 75 ± 3,2 mg/g.

  • Forsitósido B, 55,4 mg/g.

  • Linarina, 58 ± 2,1 mg/g.

  • Luteolina 7-O-glucósido y apigenina 7-O-glucósido.

  • Catequina, 682,4 ± 21,3 mg/100 g, en la flor.

  • Aucubina y otros iridoides.

  • α y β-amirinas, β-sitosterol, buddledinas A a C, zerumbona.

El total de polifenoles va de 147,2 a 183,4 mg equivalentes de ácido gálico por gramo de hoja seca.

El verbascósido y el equinacósido son fenitanoides — azúcares unidos a ácido cafeico. El ácido cafeico tiene dos hidroxilos vecinos, y esa configuración es la que atrapa radicales libres. En una herida inflamada hay radicales libres en cantidad. La química y el uso tradicional se encuentran ahí.

La cicatrización, y la trampa de la dosis

El estudio que hay que leer es el de Mensah y colaboradores, de 2001, hecho en el King's College de Londres y publicado en el Journal of Ethnopharmacology. Tomaron un extracto acuoso de hoja de matico — es decir, agua, lo mismo que una infusión — y lo probaron sobre fibroblastos humanos en cultivo, que son las células que cierran una herida.

Encontraron tres cosas, y la tercera es la importante:

  1. A concentraciones bajas, el extracto aumentó algo el crecimiento de los fibroblastos. "Algo", no significativamente.

  2. El extracto tuvo un efecto antioxidante fuerte protegiendo a los fibroblastos del peróxido de hidrógeno. Fraccionaron el extracto y obtuvieron tres flavonoides y dos derivados del ácido cafeico, y cada uno de ellos era antioxidante por debajo de 10 µg/mL.

  3. Por encima de 50 µg/mL, el extracto fue citotóxico. Mató las células.

Léalo de nuevo. El mismo extracto que protege a los fibroblastos a dosis baja los mata a dosis alta. El margen entre lo que ayuda y lo que daña es de un factor de cinco.

Esto da vuelta la intuición de cualquiera. Uno piensa: si la hoja sirve para la herida, hago el agua bien cargada, bien oscura, y mejor. No. Si uno hace un extracto concentrado y lo pone sobre tejido en reparación, lo plausible es que esté matando a las células que tenían que cerrar la herida.

Y ahora vuelva a la receta oficial: una cucharada de hojas por litro. La infusión floja no es timidez burocrática. Es, por el camino de doscientos años de prueba y error, la dosis correcta.

El dolor

El grupo de Backhouse y Delporte, en la Universidad de Chile, 2008, probó extractos de hoja en tres modelos distintos de dolor en animales: tail flick, formalina y writhing. Los extractos fueron activos en los tres, de forma dependiente de la dosis.

Lo llamativo fue qué compuesto hizo el trabajo. En el ensayo de writhing, el verbascósido inhibió el 67,6 % del dolor, contra el 50,0 % del ibuprofeno a dosis equivalente. La luteolina 7-O-glucósido fue algo mejor que la referencia en el tail flick. Y encontraron participación de receptores opioides, lo que para una planta de este tipo no era lo esperado.

De ese mismo grupo viene el otro resultado que importa: los extractos y algunos de sus compuestos inhiben a la vez la ciclooxigenasa y la 5-lipooxigenasa, las dos enzimas de la inflamación. Las buddledinas y la zerumbona inhibieron el 100 % y el 86,5 ± 5,5 % respectivamente a 50 µg/mL. Inhibir las dos vías a la vez es algo que el ibuprofeno no hace.

Las bacterias

La revisión sistemática de Bahamondez-Canas y colaboradores, de 2026, en Frontiers in Pharmacology, juntó toda la evidencia antibacteriana. Los extractos polares — acuoso, hidroalcohólico, etanólico, o sea las preparaciones que la gente hace — inhiben Staphylococcus aureus, Escherichia coli y Pseudomonas aeruginosa. Los responsables principales son otra vez el verbascósido y el forsitósido B, con aporte de luteolina, apigenina y quercetina.

Un dato de esa revisión que no tiene nada que ver con la salud humana y que a mí me importa: el aceite esencial de matico inhibe a Paenibacillus larvae con una concentración mínima de 25 µg/mL.Paenibacillus larvae es la bacteria de la loque americana, la enfermedad que mata colmenas. Es decir: un arbusto que huele a miel desde diez metros y que las abejas visitan en masa tiene, en su hoja, actividad contra la peor bacteria de las abejas. No sé qué significa eso, y no voy a inventar una explicación bonita. Pero lo dejo anotado.

El ensayo clínico que sí existió

En 2012 se puso en marcha en Chile algo poco común: un ensayo clínico de una planta medicinal chilena, con pacientes, en el sistema público. Lo dirigió el profesor Sandro Bustamante, del Programa de Farmacología Molecular y Clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, con la profesora Claudia Collado de la Escuela de Enfermería y el doctor Jorge Pacheco del Cesfam Recreo de San Miguel. Lo financió el FONIS.

El diseño era abierto, comparativo y aleatorizado, con 190 pacientes en dos grupos. Eran lesiones de tipo 1 y 2 — superficiales, sin compromiso de capas profundas — y hematomas, incluyendo úlceras por presión de pacientes postrados. Los dos grupos recibían el tratamiento estándar, limpieza y apósitos; a uno se le agregaba un gel de matico preparado como receta magistral en laboratorio farmacéutico. La meta declarada era bajar el tiempo de cicatrización de unas seis semanas a cuatro.

Y aquí tengo que ser honesta sobre lo que no encontré. El trabajo se presentó en 2014 con el título "Eficacia del matico (Buddleja globosa H.) en la cicatrización de heridas y úlceras. Estudio abierto, comparativo, aleatorizado", y está en el repositorio de CONICYT. Pero no logré encontrar las cifras finales publicadas. Más revelador todavía: las dos revisiones sistemáticas de 2026 sobre esta planta — la de Antioxidants y la de Frontiers in Pharmacology — dicen explícitamente que no hay ensayos clínicos en humanos que cumplan los criterios de inclusión. La de Antioxidants es tajante: toda la evidencia es de laboratorio, "sin intervenciones clínicas en humanos".

Lo que eso significa, en limpio: el ensayo se hizo, y su resultado no llegó a la literatura indexada. No sé si salió mal, si salió bien y nunca se publicó entero, o si se publicó en un lugar que no quedó indexado. Lo que sé es que doce años después, dos equipos que revisaron todo lo publicado sobre el matico no lo encontraron. Y esa es, en sí misma, la información más incómoda de esta página.

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Las tres cautelas, dichas con todas sus letras

Primera: la dosis alta daña. Ya está arriba, pero lo repito porque es lo que alguien se va a saltar. Por encima de 50 µg/mL el extracto acuoso mata fibroblastos humanos en cultivo. Una infusión floja para lavar una herida es lo correcto; un extracto concentrado, no. Más cargado no es más bueno.

Segunda: el matico es antiagregante plaquetario, y eso no es un detalle. El grupo de Fuentes y Palomo, en Talca, publicó en 2018 que el extracto de matico inhibe la agregación de plaquetas inducida por colágeno con una IC₅₀ de 61 µg/mL, por convulxina de 72 µg/mL y por ADP de 290 µg/mL, y que a 1 mg/mL bajó la expresión de P-selectina del 32 ± 2 % al 7 ± 2 %.

Los autores lo presentaron como una buena noticia, y desde el punto de vista de la trombosis lo es. Pero desde el punto de vista de alguien que se va a tomar tres tazas al día, hay que darle la vuelta: un antiagregante es un medicamento que hace que la sangre coagule menos. Si usted toma aspirina, clopidogrel o anticoagulantes, si tiene un problema de coagulación, si está por entrar a una cirugía o a una extracción dental, o si está en el posparto, la infusión de matico tomada en cantidad no es neutra, y esto hay que conversarlo con su médico. No conozco ningún caso reportado de sangrado por tomar matico. Tampoco conozco a nadie que lo haya buscado.

Tercera, y es la que ordena todo lo demás: la evidencia apoya mucho más la compresa que la taza. Los fenitanoides, que son los compuestos activos y están en cantidades enormes en la hoja, casi no se absorben por vía oral: la revisión de 2026 recoge una biodisponibilidad del verbascósido de alrededor del 4 % en perros y del equinacósido de 0,83 % en ratas, y los propios autores dicen que ese es el principal obstáculo para llevar esta planta a la clínica. La propuesta explícita de la revisión es desarrollar formulaciones tópicas y mucosas, "que evitan por completo la barrera de absorción".

Dicho derecho: de los dos usos tradicionales del matico, el de afuera tiene respaldo y el de adentro tiene mucho menos. El uso externo es el que tiene química coherente, estudios celulares, modelos animales, un ensayo clínico que se intentó, y una lógica física — la hoja fieltrada como apósito. El uso interno está en la lista oficial, lo usó media generación del campo chileno, y tiene en contra que el compuesto principal no pasa del intestino en cantidad apreciable.

Y para terminar la cuenta de lo que no hay: la revisión sistemática de 2026 señala que en toda la literatura que incluyó no encontró datos de seguridad, estudios de toxicidad ni información de contraindicaciones. De una planta que está en la lista oficial del Ministerio de Salud y que se vende en farmacias. Ese vacío existe y es de verdad.

Lo que saco en limpio

El matico es el caso más completo y más frustrante de los tres que he escrito. Con el queule, la ciencia descubrió algo que la tradición no sabía. Con el culén, la ciencia confirmó lo que la tradición decía. Con el matico, la ciencia confirmó la tradición, descubrió por qué funcionaba, llegó hasta un ensayo con ciento noventa pacientes en un consultorio de San Miguel — y ahí el resultado se perdió.

Hay una lección práctica en todo esto, y es la que yo me llevo al campo: cuando una receta tradicional es asombrosamente suave — una cucharada por litro, no un puñado — probablemente la suavidad es la receta. No es que no supieran hacerla más fuerte. Es que la hicieron más fuerte alguna vez, vieron lo que pasaba, y volvieron a la cucharada.

Y hay otra que me toca más de cerca. La única vez que usé matico fue por fuera, sobre la corteza rota de un hualle, en capas, y lo saqué a las dos semanas. No sabía nada de biodisponibilidad ni de fibroblastos. Pero de las dos maneras de usar esta planta elegí la que la literatura respalda, y de las dos duraciones posibles elegí la que no pudre la madera. El uso tradicional de una planta no es una creencia: es un protocolo que alguien depuró durante mucho tiempo, y que uno hereda sin saber qué partes son las que importan. Averiguar cuáles son es, me parece, para lo que sirve leer los estudios.

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Polinizadores

Aquí el matico es la estrella de la parcela, y no hay que buscar literatura para saberlo: se ve y se oye.

La cabezuela globosa naranja es una plataforma de aterrizaje — decenas de flores diminutas apretadas en una esfera, todas con néctar accesible, sobre una superficie en la que un insecto puede caminar. Súmele el perfume a miel, que es fuerte y se lleva el viento. Es una de las arquitecturas florales más generalistas que existen: no excluye a casi nadie.

En mi propio registro de floración la tengo anotada como "pompones anaranjados, muy melífero", floreciendo de noviembre a enero. La visitan abejas, abejorros, moscas de las flores y mariposas. El género entero tiene fama por eso: el pariente asiático se llama en inglés butterfly bush, arbusto de las mariposas, y el nativo se gana el nombre igual.

Y hay algo que me interesa más que la lista de visitantes: el calendario. El culén florece de diciembre a febrero. El matico, de noviembre a enero. Entre los dos cubren desde noviembre hasta febrero sin un hueco. Para un insecto que vive seis semanas, eso no es un detalle estético: es la diferencia entre encontrar comida y no encontrarla. Un jardín de polinizadores no se arma eligiendo las flores más lindas, se arma tapando los huecos del calendario. Estas dos, juntas, tapan el verano entero.

Lo que no tengo es un estudio chileno que haya contado qué especies visitan el matico y con qué frecuencia. Lo que escribo arriba es lo que la forma de la flor hace esperar y lo que yo veo en la parcela, no lo que alguien midió.

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Superíndice

Matico

Anotaciones históricas

Plantas con las que se asocia

En la naturaleza es planta de ribera y de borde: crece con arrayán, maqui, chilco, sauce, quila y las demás especies de orilla de estero y suelo removido húmedo.

En El Vitriol sus vecinos son, sector por sector, lo que mejor cuenta cómo lo fui usando:

En el Cantero de Júpiter de A1 está con fulel, culén, tres huilmos y el mayu, todos plantados en la temporada 2025-2026: es el cantero planetario que más se ha poblado.

En el Borde Clemente, también en A1, acompaña a notros, culén, salvia del cerro, calle calle, huilmo y sauce chileno.

En el Borde del terraplén de los ajos, en E2, los dos maticos están con dos huilmos, dos huingán y dos palmas — todas de porte alto, en un talud pedregoso y drenado a pleno sol. Es el jardín donde voy a plantar la cuncuna que saque del cantero de Mercurio, precisamente porque el piso de ese grupo está libre.

En las Líneas de la ladera de E3 los siete están en el sector sintrópico, en función de biomasa, que es el uso más distinto que le doy.

Y después los sueltos: el Jardín esclerófilo de C2, el Patio azul de D2, el Jardín palpalén de B4, la Entrada borde poniente de A1, el Núcleo nativo 1.

Consideraciones legales, culturales y políticas

El matico no tiene categoría de conservación ni la necesita, y en eso se parece al culén. Pero en lo demás su situación es la contraria, y la diferencia es instructiva.

El matico está reconocido por el Estado de Chile como medicamento. Figura en el listado de Medicamentos Herbarios Tradicionales del Ministerio de Salud, con su parte usada, su indicación, su preparación y su dosis; tiene monografía oficial del Instituto de Salud Pública; se puede envasar y vender legalmente por elaboradores autorizados por la SEREMI; y se vende como pomada en las farmacias. Es, de las plantas que tengo plantadas, la única que el Estado reconoce como remedio.

Que eso haya pasado con esta planta y no con las otras no tiene que ver con que el matico sea mejor. Tiene que ver con que el matico nunca dejó de usarse. El culén se perdió en una generación y hoy hay que explicar qué era; el matico siguió en la feria, en la cocina y en la pomada. La planta que no se olvidó es la que terminó en el reglamento. Y el camino es ese: el uso popular sostenido es lo que abre la puerta del laboratorio, no al revés.

Hay también una lectura menos cómoda, y es la del nombre. Esta planta se llama como se llama por una planta peruana que no es ella. Dos siglos de uso chileno, una monografía oficial del Estado chileno, decenas de estudios de laboratorios chilenos — y el nombre con que la conocemos sigue siendo el de otra. Los nombres se quedan donde los dejó la historia, no donde la botánica querría. Yo voy a seguir diciéndole matico, porque es como le dice todo el mundo. Pero cuando la planto, la planto sabiendo que se llama pañil.

Aviso.

Esta página reúne uso tradicional y literatura científica sobre una planta. No es una indicación médica, no reemplaza a un profesional de la salud, y los estudios citados se hicieron con extractos de laboratorio, no con infusiones de cocina. El matico inhibe la agregación plaquetaria: si usted toma anticoagulantes o antiagregantes, está por entrar a cirugía, tiene un trastorno de coagulación, está embarazada o piensa darle algo a un niño, consulte antes.


Matico

Anotaciones históricas

Diciembre 2021

tiene algún grado de evidencia científica su poder para sanar heridas

Diciembre 2021

Tengo bolsitas de infusi{on.

Diciembre 2021

En el solsticio de verano secamos hojas y rellenamos bolsitas de infusión. Además el último día de diciembre sacamos semillas.

Fuentes

Mensah, A.Y.; Sampson, J.; Houghton, P.J.; Hylands, P.J.; Westbrook, J.; Dunn, M.; Hughes, M.A.; Cherry, G.W.Effects of Buddleja globosa leaf and its constituents relevant to wound healing. Journal of Ethnopharmacology 77(2-3): 219–226, 2001. doi.org/10.1016/S0378-8741(01)00297-5

Backhouse, N.; Delporte, C.; Apablaza, C.; y cols.Antinociceptive activity of Buddleja globosa (matico) in several models of pain. Journal of Ethnopharmacology 119(1): 160–165, 2008. doi.org/10.1016/j.jep.2008.06.022

Fuentes, M.; Sepúlveda, C.; Alarcón, M.; Palomo, I.; Fuentes, E.Buddleja globosa (matico) prevents collagen-induced platelet activation by decreasing phospholipase C-gamma 2 and protein kinase C phosphorylation signaling. Journal of Traditional and Complementary Medicine 8(1): 66–71, 2018. doi.org/10.1016/j.jtcme.2017.02.005

Becerra, Á.; Soto, F.; Millán, D.; Valenzuela-Fuenzalida, J.J.; Moya, M.P.; León-Rojas, J.E.; Cortés, M.E.Antioxidant and Anti-Inflammatory Properties of Buddleja globosa Hope (Matico): A Systematic Review of Phytochemical Composition, Molecular Mechanisms, and Translational Evidence. Antioxidants 15(7): 790, 2026. doi.org/10.3390/antiox15070790 · Acceso abierto.

Bahamondez-Canas, T.; Delgado-Gazzoni, Pérez-Basáez, Bruna, Garrido-Vera, Weinstein-Oppenheimer y cols.Antibacterial properties of Buddleja globosa: a review of extracts and bioactive compounds. Frontiers in Pharmacology 17, 2026. doi.org/10.3389/fphar.2026.1896014 · Acceso abierto.

Bustamante, S.; Álvarez, N.; Mendiburen, R.; Vergara, F.; Zárate, I.; Collado, C.; Morales, M.Fundamentación preclínica del uso etnomédico de matico (Buddleja globosa Hope). Revista de Fitoterapia 15(1): 37–51, 2015.

Bustamante, S.; y cols.Eficacia del matico (Buddleja globosa H.) en la cicatrización de heridas y úlceras. Estudio abierto, comparativo, aleatorizado. Proyecto FONIS, Universidad de Chile y Cesfam Recreo, San Miguel. Repositorio CONICYT, 2014.

Instituto de Salud Pública de Chile.Monografía oficial: Buddleja globosa Hope.

Ministerio de Salud de Chile.Listado de Medicamentos Herbarios Tradicionales (103 especies vegetales).

Catastro propio de El Vitriol, septiembre de 2026, y registro de floración de la parcela.

Patricia Pérez Sepúlveda — El Vitriol, Pichaco Norte, Hualqui, Región del Biobío