Gomortega keule

QUEULE

Queule

Gomortega keule (Mol.) Baillon · Gomortegaceae · Endémico de Chile · En Peligro (EN) · Monumento Natural

Nombres

Queule, y también keule — así se escribe en el decreto que lo protege. Hualhual es el otro nombre con que se le conoce, de origen mapuche.

El nombre científico es Gomortega keule, descrito primero por el abate Juan Ignacio Molina en 1782 y reubicado por Baillon en 1869. Se encuentra como sinónimo Gomortega nitida Ruiz & Pav.


Historia

Este árbol es el último de su linaje, y no es una manera de hablar.

La familia Gomortegaceae tiene un solo género, y el género tiene una sola especie: esta. En todo el planeta no existe un pariente cercano. Familia, género y especie, todo reducido a un árbol que crece en una franja de la cordillera de la costa chilena y en ninguna otra parte del mundo.

Y es viejo. Como el canelo, es pariente de las primeras plantas con flores que aparecieron en la Tierra: su linaje se estima en unos cien millones de años, del Cretácico. El Plan de Recuperación del Ministerio del Medio Ambiente lo llama, con razón, un fósil viviente — depositario de información genética propia e irrepetible, adaptada a este lugar durante millones de años.


Queule en maceta, desde semilla en mi vivero. 

La historia reciente

Su historia reciente es de retroceso. El bosque maulino costero donde vive se despejó para agricultura y después se reemplazó por plantaciones de pino y eucalipto. Lo que quedó son manchones pequeños y separados, entre el sur del río Maule y el sur de Nahuelbuta.

El dato que resume todo: en el Biobío y Ñuble, el 88% de los queules que quedan están dentro de plantaciones forestales y solo el 12% en bosque nativo. Menos de la mitad de los queules del mundo está en su propio hábitat.

Descripción

Árbol siempreverde, de 15 a 28 metros, con diámetros de 15 a 60 centímetros — aunque hay registros de individuos de más de un metro de diámetro y más de treinta de alto.

Lo que lo delata en terreno es la hoja opuesta: dos hojas enfrentadas en cada nudo. En el bosque chileno la mayoría de los árboles tienen hoja alterna, así que esa disposición, junto con el olor, lo separa de sus vecinos. La hoja es coriácea, dura, de borde entero, verde oscura y brillante arriba, más clara abajo.

Toda la planta es aromática. Al estrujar una hoja suelta un olor fuerte, resinoso, emparentado con el laurel — no es casualidad, pertenece al orden Laurales.

Las flores son pequeñas, amarillentas, en racimos, hermafroditas. No es un árbol que se plante por su flor.

El fruto sí llama la atención. Es una drupa amarilla brillante, parecida a un níspero, dulce aunque menos jugosa, muy aromática y de un sabor que no se parece a ninguna fruta común. Adentro trae un endocarpio pétreo, ovoide y durísimo, con una o dos semillas parecidas a almendras.

Ese carozo es la razón de casi todo lo difícil que tiene su propagación — y, como se verá, no es el único mecanismo de defensa que la semilla tiene.

Un detalle que registra el Libro de Oro: el fruto no es igual en todas partes. Los de Hualqui son pequeños y alargados, con forma de limón, y esa característica es propia del sector.



Hábito

Crece en quebradas húmedas y umbrías del bosque costero, no en laderas expuestas. Esa distinción no es un detalle: es la razón por la que a muchos queules plantados les va mal.

Quiere suelo profundo con materia orgánica, humedad constante y sombra lateral, sobre todo de joven. No tolera ni la sequía prolongada ni el sol directo de todo el día.

En la naturaleza rebrota de tocón y echa retoños de raíz, y esa es hoy su principal forma de regenerarse. Tiene una consecuencia incómoda: muchas de las poblaciones que se ven pueden ser clones del mismo individuo, de modo que la diversidad genética real es menor de lo que sugiere el número de árboles.

Superíndice

Por qué no se regenera, en concreto

Francesconi describe el mecanismo, y es más específico de lo que yo pensaba: la llave de la germinación es la temperatura. El carozo se abre cuando la temperatura del suelo activa al embrión. Bajo un bosque de copas cerradas esa temperatura no llega, y la semilla puede quedarse años en latencia bajo la hojarasca, esperando condiciones que no ocurren.

Eso explica el resto. Los queules que quedan están metidos en bosques dominados por especies más competitivas —peumo, lingue y roble— que los mantienen suprimidos. Sin luz y sin calor en el suelo, no hay germinación. Al árbol no le queda otra que rebrotar desde la base.

Y ahí aparece la imagen más dura del libro, que es también la que mejor describe el estado real de la especie en el Biobío: troncos podridos que nacen desde el suelo y se proyectan hacia arriba, secos, dispuestos en círculo. "Los troncos secos nacen desde el suelo en una ronda y se proyectan en altura esperando ayuda."

Experiencia en El Vitriol

Tengo tres queules, en el patio arrayanes del sector D3. Fueron cuatro, y vinieron por dos caminos distintos.

Dos me los regalaron. Me los dio Claudio en un encuentro de intercambio de semillas. Lo cuento porque esos encuentros son, en la práctica, una de las pocas redes que mueven material de especies amenazadas entre gente que las va a cuidar.

Los otros dos los saqué desde semilla.

Tengo semillas plantadas en junio 2026, esperando tener nuevos plantines en algunos meses. Los aprendizajes de estos dos últimos años, espero me ayuden a mejorar su establecimiento. 

Los tres están en malas condiciones, pero pienso que aún pueden retoñar.


Gomortega keule

Amenazas

Hay dos listas distintas, y conviene no mezclarlas: lo que amenaza a la especie en el bosque, y lo que amenaza a un queule que uno planta. La primera está en los informes. La segunda me la enseñaron mis propios árboles, a golpes.

En el bosque

El Plan de Recuperación identifica seis: incendios forestales, que en el centro-sur de Chile son recurrentes y han arrasado cientos de miles de hectáreas; proyectos de inversión; los propágulos de pino y eucalipto que invaden desde las plantaciones vecinas; la presencia de ganado; la colecta inadecuada de frutos y semillas; y la corta ilegal.

A esas hay que sumar dos que no son actos de nadie, y que quizás son las más graves:

Perdió a su dispersor. El animal que movía sus semillas se extinguió hace diez mil años. Sus frutos caen y se pudren al pie del árbol madre.

Está suprimido en su propio bosque. Quedó en minoría bajo peumos, lingues y robles que le tapan la luz y le enfrían el suelo, y sin temperatura en el suelo su semilla no germina. Se defiende rebrotando desde la base, que es clonarse, no reproducirse.

En el jardín: lo que le pasó a los míos

De mis cuatro queules, ninguno ha tenido una vida fácil, y cada uno me enseñó algo distinto. Lo escribo con detalle porque no lo he visto escrito en ninguna parte, y porque quien vaya a plantar uno va a chocar con lo mismo.

El primero: mal sitio. Lo planté en un lugar con demasiada humedad y poco drenaje. Mal. Uno lee que el queule es de quebrada húmeda y concluye que quiere agua, y no es eso: quiere humedad constante con drenaje, que no es lo mismo que el pie mojado. Suelo que no drena, en una especie de raíz pivotante, es problema seguro.

Y encima, una oruga. Al mismo le comió las hojas una oruga, que lo dejó pelado. Lo liberé de ella y retoñó. Tengo la foto de ese rebrote.

Esa es una buena noticia dentro de todo: el queule tiene capacidad de rebrote —es lo mismo que hace en el bosque— así que un ejemplar defoliado no es un ejemplar perdido. Hay que darle tiempo antes de darlo por muerto.

El segundo y el tercero: los ratones. Se los comieron. Dejaron el puro tallo.

Este es el dato que más me costó y el que menos se advierte. En ninguno de los documentos que he leído sobre propagación de queule aparece la palabra roedor, y a mí me costó dos árboles de una especie de la que quedan setecientos veinte individuos maduros en el mundo.

Si va a plantar queule: protección contra roedores desde el primer día. Malla metálica de trama fina alrededor del cuello y los primeros veinte o treinta centímetros de tallo, enterrada un poco. No una malla plástica, que la roen.

El cuarto: trips. Ataque de trips en las hojas. Es el daño que todavía se ve — plateado, punteado — y que no se borra nunca, aunque el bicho ya no esté.

Lo que saco en limpio

Cuatro árboles, cuatro problemas distintos, y ninguno era el que yo esperaba. No me falló el clima ni la falta de agua: me falló el drenaje. Puse resguardo para conejos, pero no tomé en cuenta los  bichos que vienen por la tierra o por el aire (orugas, trips) y los ratones, que pueden trepar y no tienen el miedo de los conejos a entrar en un lugar cercado.

Para una especie con setecientos veinte individuos maduros en el planeta, cada plántula que un roedor se come en un jardín es una plántula menos. Eso convierte una malla de gallinero de dos mil pesos en una medida de conservación.

Recomendaciones generales

Elegir el sitio antes que la planta. Quebrada, fondo de hondonada, cara sur, al pie de árboles más grandes que le den sombra lateral. Si el lugar no tiene esas condiciones, hay que fabricarlas: media sombra permanente los primeros años, no una malla de un verano.

Suelo profundo y con materia orgánica. Nada de suelo compactado ni de pedregal. Aquí sí conviene mejorar con hojarasca y compost, al revés que con las especies de secano.

Humedad constante, no encharcamiento. Riego regular todo el año en los primeros años, y mulch grueso para que el suelo no se seque entre riegos.

Paciencia con el porte. En hábitat adecuado crece rápido; fuera de él, no. Un queule de cinco años en mal sitio sigue siendo una varilla.


Propagación

Aquí hay un trabajo que resuelve casi todas las dudas, y es viejo: Claudio Donoso y Bernardo Escobar, de la Universidad Austral, publicaron en 1985 el primer ensayo escrito de germinación de queule. Hasta entonces, como dicen ellos, "no existen antecedentes escritos respecto de la germinación de las semillas en laboratorio o vivero, y los que existen son negativos".

Lo que encontraron, y que conviene seguir al pie de la letra:

No extraer la semilla del carozo. El endocarpio es pétreo y es casi imposible sacar la almendra sin dañarla. Se siembra el carozo entero.

La semilla necesita haber pasado un invierno en el suelo del bosque. Ese año de hojarasca le da la escarificación y la estratificación naturales que necesita. Ellos recolectaron del suelo semillas que llevaban al menos un año ahí.

Se siembra en otoño, no en primavera. Recolectaron en marzo, refrigeraron un mes y sembraron el 23 de abril.

Sustrato: partes proporcionales de materia orgánica, arena y suelo trumao.

Y ahora el dato que cambia todo: la germinación empezó el 1° de octubre, cinco meses después de la siembra, y duró unos dos meses. La capacidad germinativa fue de 23,67% en promedio, con un rango de 19 a 31% entre las tres repeticiones.

O sea: el queule germina en primavera, no antes, y hay que esperar cinco meses sin ver nada. Una maceta que parece vacía en agosto puede estar trabajando.

Con una salvedad importante: si la semilla es del año de producción, recién caída, generalmente no germina esa primavera — necesita su invierno. Si es semilla vieja que ya pasó por la hojarasca, germina en la primavera siguiente a la siembra.

Mi propia experiencia: dos años, no cinco meses

Aquí tengo que poner algo que no calza con la primera lectura de los estudios, y que me parece el dato más útil de toda esta página.

Dos de mis queules los saqué de semilla mía. Se demoraron dos años en germinar. No cinco meses.

Al principio pensé que mi experiencia contradecía a Donoso. Pero releyendo con cuidado, es al revés: lo confirma, y completa el cuadro.

Fíjese en la letra chica del ensayo de 1985. Donoso recolectó semillas del suelo del bosque, que llevaban por lo menos un año ahí, ya escarificadas y estratificadas de forma natural. Esas fueron las que germinaron en cinco meses. Y él mismo advierte: "si las semillas ensayadas corresponden al año de producción, generalmente no se obtienen resultados en la primavera de ese año".

O sea, el reloj completo del queule es así:

De dónde viene la semilla

Cuánto tarda

Recogida del suelo del bosque, con un invierno encima

germina la primavera siguiente — unos 5 meses

Recién caída del árbol, del año

necesita pasar su invierno primero —

germina en la segunda primavera, unos 2 años

Los cinco meses de Donoso y mis dos años son el mismo proceso contado desde distintos puntos de partida. La semilla siempre necesita su invierno. La diferencia es si lo pasó en la hojarasca del bosque antes de que tú la recogieras, o si lo va a pasar en tu maceta.

Esto tiene una consecuencia práctica muy concreta y muy fácil de arruinar: si usted siembra semilla fresca y bota el almácigo al año, lo bota justo antes de que germine.

Los tres resguardos de la semilla

Esto lo describe Francesconi y me parece de lo mejor del libro, porque el tercero es un hallazgo suyo. La semilla del queule tiene tres defensas:

Uno: el fruto marea. Comer mucho queule produce mareo. Es un freno al sobreconsumo — que el animal coma algunos y se vaya.

Dos: el carozo. Una coraza prácticamente impenetrable que guarda al embrión dormido hasta que la temperatura logra abrirla.

Tres: el saco de calcio. Cuando los cotiledones empiezan a crecer, vienen envueltos en un saco compuesto principalmente de calcio. Ese saco aumenta de volumen, fragmenta el carozo desde adentro, y después sigue protegiendo a la plántula recién nacida de las babosas y otros depredadores, hasta que las primeras hojas verdaderas están listas para hacer fotosíntesis.

Una semilla que rompe su propia coraza con una bolsa de cal, y usa esa misma bolsa de escudo mientras aprende a comer sol. Cuesta no admirarlo.

El protocolo de Francesconi

En el vivero Agua Amarilla de Penco, con semillas de las tres procedencias, hizo esto:

  • Recolectar de marzo a fines de junio.

  • Limpiar el carozo de toda la parte carnosa y dejarlo secar hasta agosto.

  • Cámara de germinación con temperatura y humedad permanentes durante sesenta días. La humedad constante importa: si la alternancia de día caluroso y noche fría deshidrata la semilla o la raíz que está emergiendo, se pierde.

  • Sustrato: corteza de pino descompuesta con perlita —diez kilos por metro cúbico— para retener humedad en el calor de enero a marzo, más fertilizante de liberación lenta a seis meses.

Sembró el 10 de junio de 2018. En noviembre notó que el sustrato se levantaba: la temperatura había activado al embrión y el carozo se había roto. Las primeras hojas verdaderas crecieron hasta marzo.

Un detalle curioso que anotó: la raíz pivotante es blanca al salir, y en diez minutos de contacto con el aire y la luz se pone café oscuro. Supone que son fenoles reaccionando.

Nótese que su calendario y el de Donoso coinciden en lo esencial: siembra de otoño o invierno, germinación en primavera, cinco meses de espera sin ver nada.

Las tres razas del queule

Francesconi clasificó las semillas según de dónde venían y encontró diferencias entre lo que llama las tres razas ecológicas: Tomé, Penco y Hualqui. Son distinguibles a simple vista.

Y en el vivero se comportaron distinto: las plántulas de Tomé crecieron más que las otras, seguidas de las de Penco y después las de Hualqui.

Para quien propague queule, eso significa dos cosas. Que conviene anotar la procedencia de cada semilla, porque no da lo mismo. Y que mezclar procedencias sin registrarlas destruye una información que después no se recupera.

Efectos en la salud

Hay que separar tres cosas que se confunden.

El fruto se come, y su uso está bien documentado. Es de apariencia parecida a un níspero, amarillo brillante y dulce. Con él se hacían mermeladas, compotas, conservas y chicha, y se comercializaba en los mercados de Concepción. Se come fresco, y en la costa de Tomé tradicionalmente se comía asado a las brasas. En los sectores rurales era parte de la dieta obligada de abril a fines de junio.

En Hualqui tuvo además otro uso, menos noble y muy revelador: se sacaba en sacos para alimentar a los bueyes. Un árbol al borde de la extinción sirviendo de forraje.

Todo eso es uso alimentario, no medicinal.

El aceite esencial de la hoja es otra historia, y es muy reciente. Hay dos estudios de 2025, del mismo grupo chileno, y entre los dos hay una sorpresa.

El antifúngico

En junio de 2025, en Pharmaceutics, un equipo de la Universidad de Playa Ancha, la Universidad de Valparaíso, la Universidad de Santiago y la Universidad del Bío-Bío de Chillán analizó el aceite de la hoja y lo probó contra levaduras.

Por destilación de hoja fresca sale un 0,99% de aceite, con cuarenta y un componentes. Los tres principales: eucaliptol (21,4%), 4-terpineol (19,6%) y acetato de α-terpinilo (13,9%) — monoterpenos oxigenados, la familia química con actividad antimicrobiana conocida.

Lo probaron contra tres levaduras del género Candida. El aceite libre inhibió a las tres. Formulado en nanoemulsión funcionó mejor: 32 µg/mL para frenar a C. albicans y C. glabrata, 64 para matarlas. Contra C. glabrata y C. guilliermondii, el resultado fue comparable o mejor que el fluconazol.

Importa porque las Candida se están haciendo resistentes a los antifúngicos disponibles, que son pocos.

El citotóxico selectivo

En diciembre de 2025, en Frontiers in Pharmacology, el mismo grupo publicó algo distinto — y el aceite que analizaron tenía otra composición: más del 50% diterpenos, principalmente filocladeno (28,1%) y kaur-16-eno (19,7%). Casi nada que ver con el perfil del estudio anterior.

Eso sugiere que el queule tiene quimiotipos: árboles de la misma especie que producen aceites químicamente distintos, según la población, la estación o el individuo. Es un hallazgo interesante por sí solo y vale la pena decirlo, porque significa que "aceite de queule" todavía no es una cosa sola.

Ese aceite lo probaron contra líneas de células de cáncer de mama, próstata y colon. Las concentraciones que se necesitaron para frenarlas fueron bajas: 3,97 µg/mL en mama, 2,43 en próstata, 9,76 en colon.

Y el dato notable no es ese, es la selectividad: fue mucho más tóxico para las células cancerosas que para las sanas. En mama alcanzó un índice de selectividad de 24, y superó en selectividad a la daunorrubicina y al 5-fluorouracilo, que son quimioterápicos de uso clínico y que en ese mismo modelo resultaron muy tóxicos para las células sanas.

El mecanismo que describen: el aceite induce especies reactivas de oxígeno de forma selectiva, eso despolariza la membrana de la mitocondria, se activan las caspasas y la célula entra en apoptosis — muerte celular programada.

Antes de esto, en 2013, Simirgiotis y colaboradores ya habían mostrado que sus aceites tienen potente actividad antioxidante.



Esto es muy relevante:

Nada de esto es un remedio casero, y el segundo estudio menos que el primero.

Que un aceite mate células de cáncer en una placa de laboratorio está a una distancia enorme de que sirva para tratar a una persona. La mayoría de las sustancias que hacen eso en una placa fracasan después. Es un punto de partida para investigar, no un tratamiento.

Y lo que se probó fue aceite esencial destilado, analizado por cromatografía y en un caso encapsulado en nanopartículas de tamaño controlado. Una infusión de hoja no es eso ni de lejos — ni en concentración, ni en composición, ni en cómo llega al tejido.

Hay una segunda razón para no intentarlo: el queule es Monumento Natural y quedan menos de mil individuos maduros en el mundo. Recolectar su hoja fuera de un marco autorizado no sirve de nada y daña a una especie al límite. El propio Plan de Recuperación menciona la colecta inadecuada de frutos y semillas entre las amenazas de la especie.

La distancia entre "un estudio encontró actividad anticancerígena" y "hiérvelo y tómatelo" es exactamente donde la gente se hace daño. En el caso de un enfermo de cáncer, además, es donde abandona un tratamiento que sí funciona.

Polinizadores y dispersores

Son dos preguntas distintas y tienen respuestas muy distintas.

Quién lo poliniza: no se sabe bien

La polinización del queule está mal documentada. No he encontrado un estudio que la describa, y prefiero decirlo a inventarlo.

Lo que se puede afirmar con cuidado: la flor es pequeña, amarillenta, hermafrodita y aromática, sin la forma ni el color de las flores especializadas en un polinizador concreto. Ese conjunto apunta a insectos generalistas — moscas, escarabajos pequeños, abejas — que es lo típico de su orden.

Si alguien está estudiando esto, me interesa mucho saberlo. Es un hueco real.


Quién lo dispersaba: ya no existe

Esta sí tiene respuesta, y es la que explica buena parte del problema.

El fruto carnoso, amarillo y con carozo pétreo es un fruto diseñado para un animal grande. Ese animal era, con toda probabilidad, la megafauna del Pleistoceno — los gonfoterios — que se extinguió hace unos diez mil años. El queule quedó con un fruto hecho para un cartero que ya no pasa.

A eso se suma lo otro: la semilla necesita temperatura en el suelo para germinar, y bajo un bosque de copas cerradas esa temperatura no llega. Así que ni se mueve ni germina donde cae.

El resultado es que hoy se reproduce casi solo por retoño de raíz, que es clonación y no reproducción sexual. Un árbol que deja de cruzarse pierde variabilidad, y un linaje que ya es el último de su familia no tiene de dónde sacar más.

Dicho de otro modo: al queule no le falta solo hábitat. Le falta un animal, y le falta un incendio suave o un claro que le caliente el suelo. Eso es lo que hoy tiene que reemplazar el trabajo humano de vivero.


Plantas con las que se asocia

En el ensayo de Donoso y Escobar, las semillas se recolectaron bajo queules que crecían en un bosque con coigüe (Nothofagus dombeyi), lingue (Persea lingue), olivillo (Aextoxicon punctatum), tepa (Laurelia philippiana) y canelo (Drimys winteri).

En el bosque maulino costero comparte además con hualo (Nothofagus glauca), peumo (Cryptocarya alba), laurel (Laurelia sempervirens), arrayán (Luma apiculata), pitao (Pitavia punctata) y un sotobosque de quila (Chusquea quila).

Pero hay un matiz importante y poco romántico: varias de esas vecinas hoy lo perjudican. Francesconi lo dice sin rodeos — el queule está metido en bosques dominados por peumo, lingue y roble, especies más competitivas que lo mantienen suprimido, sin luz arriba y sin calor en el suelo. No es que el queule sea mal vecino; es que quedó en minoría en un bosque que cambió.

Para quien plante queule, la lección es directa: sombra lateral sí, techo cerrado no.

En El Vitriol, sus vecinos del patio arrayanes son ocho arrayanes, tres laureles, dos araucarias, dos hualles, dos maquis, dos maitenes, un olivillo, un peumo, un quillay, un coigüe, un ñirre, un lleuque, un mañío de hoja larga, un alerce, un avellanillo, un lilén, un radal, un ciprés de la cordillera, una luma y un pitao — que, como se verá abajo, es compañero suyo en algo más que el jardín.

Fuentes

Francesconi Riquelme, R.Libro de Oro. Queule: patrimonio natural de la Bahía de Concepción. Fotografías de Roberto Francesconi Riquelme y Phyllis Tebbs Carrasco; diseño e infografía de Phyllis Tebbs Carrasco. Concepción, Chile, agosto de 2019. 94 pp.

Donoso, C.; Escobar, B.Germinación de Gomortega keule (Mol.) Baillon. Bosque 6(2): 120–122. Facultad de Ciencias Forestales, Universidad Austral de Chile. Recibido en diciembre de 1985.

Madrid, A.; Silva, V.; Russo, A.; Moller, A.C.; Sánchez, E.; Villena, J.; Jara-Gutiérrez, C.; Montenegro, I.Selective cytotoxicity of Gomortega keule essential oil through a ROS-mediated pro-apoptotic mechanism. Frontiers in Pharmacology 16:1722619, 8 de diciembre de 2025. doi.org/10.3389/fphar.2025.1722619 · Acceso abierto.

Montenegro, I.; Fuentes, B.; Silva, V.; Valdés, F.; Werner, E.; Santander, R.; Moraga-Espinoza, D.; Madrid, A.Nanoemulsion of Gomortega keule Essential Oil: Characterization, Chemical Composition, and Anti-Yeast Activity Against Candida spp. Pharmaceutics 2025, 17, 755. doi.org/10.3390/pharmaceutics17060755 · Acceso abierto.

Ministerio del Medio Ambiente.Plan de Recuperación, Conservación y Gestión del Queule, Gomortega keule (Molina, 1782) Baill., 1869. Versión aprobada por el Comité de Planes, mayo de 2022.

Villa Suazo, A.; Benoit Contesse, I. (eds.)Planes Nacionales de Conservación del Queule, Gomortega keule (Mol.) Baillon, y Pitao, Pitavia punctata (Ruiz et Pavón) Mol., en Chile. CONAF, 2005.

Chile, Ministerio de Agricultura.Decreto Supremo N° 13 de 1995: declara Monumento Natural a las especies forestales queule, pitao, belloto del sur, belloto del norte y ruil.Texto en CONAF

Catastro propio de El Vitriol, septiembre de 2026.

Patricia Pérez Sepúlveda — El Vitriol, Pichaco Norte, Hualqui, Región del Biobío.